lunes 1 de diciembre de 2008

Disco Duendes

Los Fitzianitos y la Abuelitza les desean una feliz temporada navideña.




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jueves 27 de noviembre de 2008

Abecedario de gracias

Andreína, mi bella y cautivadora chinita, 
(de vez en cuando eléctrica.)
Los Fantabulosos Fitzies
somos geniales, 
pobres pero honrados
internacionales y juntos.
Koalas no hemos visto todavía
Pero sí La Gran Muralla China
Michaelito es mi niño lindo,
tiene sus hermosos ojos puestos en ser astronauta y viajar a Marte.
Príncipe querido, ¡a que tu sueño lo haces realidad!
Scott es mi marido biónico,
Totalmente atleta y apasionado.
Unidos la vida es ¡wonderful!
Allí estoy yo, con el corazón colmado de gracias,
orando porque mi abecedario de bendiciones
nunca llegué a la Z.

domingo 23 de noviembre de 2008

Los poquitos números que conté

Formo parte del grupo YoTambién, en flickr. Cada mes tomamos fotos de nuestras ciudades bajo un tema diferente. Este mes el tema ha sido números. No ha sido un tema que me haya captado mucha la atención y además los meses de octubre y noviembre siempre son muy ajetreados para maestros y por lo tanto no me he esmerado mucho, pero las fotos que han montado las demás del grupo están bellísimas. Ahora me da lástima no haber tomado más para mantener la cabeza en alto en su companía.

Aquí les pongo los poquitos números que yo conté mientras iba en bicicleta a trabajar.

jueves 20 de noviembre de 2008

Enemigo invernal

Cuando me casé hace 13 años, al poco tiempo nos mudamos a EEUU al pueblo de mi marido. El viene de Nueva Inglaterra, de un rincón bucólico y fertil, donde las casas las hacen de madera y las calles son angostas. Ahí pasé mi primer invierno completo de adulta, a orillas de un lago helado y en medio de un bosque de pinos. Muy pintoresco en junio cuando llegué, pero el infierno nevado en enero.

Ese primer invierno fue duro, no tanto por el frío sino por la oscuridad. La noche del 21 de diciembre, la noche más larga del año, la pasé llorando con depresión estacional de no tener de sol sobre mis huesos caribeños.

Después de EEUU, vivimos en Egipto, el Líbano y ahora en el norte de China. Los inviernos no me afectan tanto con su oscuridad aunque sí considero la luz solar un lujo. Vivir en Egipto, con sus 14 horas de sol en diciembre, fue un regalo, pero ahora, mi enemigo invernal es ahora la falta de humedad.

Ese primer año aquel pensaba que las aves migraban al sur siguiendo el sol. Ahora sé que lo que están buscando es agua. Nos despertamos a media noche con la garganta seca. Vivimos echándonos crema en la piel y agotamos medio litro de crema por semana. A mis hijos no los puedo peinar por miedo a la electricidad estática y aún así los corrientazos que nos damos, ¡uyyyy!

Ni modo, a enchufar el humidificador y a soñar con la primavera, que nos quedan cinco meses de invierno.

martes 18 de noviembre de 2008

Dulce de leche

Mi marido:  Oh no, la leche está pasada.
Mi hija:  ¡Asco!
Mi hijo: ¡Guácala!
Yo:  ¡Yupi!

Cuando yo era chiquita y encontrábamos que la leche en la nevera se había pasado, mi papá nos hacía dulce de leche. A la leche cortada le echaba azúcar y un poquito de jugo de limón. Entonces hervía aquello por media hora hasta reducirlo a unos globulitos de leche en almíbar. A cada uno nos tocaba un poquito.

Anoche me tocó a mí. La leche estaba pasada, mi marido a punto de botarla toda, mis hijos completamente asqueados y a la vez morbosamente fascinados con los grumos blancos y el suero separado, pero yo feliz de poder hacer mi dulce de leche. Me lo comí todito yo sola. Nada más en eso fui diferente a mi papá. El siempre compartía.